Lo que creí era una serie desafortunada de hechos tristes y sueños perdidos fue un renacer, un reenfoque, un alivio, una cura.
Con una ceguera inminente producto de una enfermedad degenerativa el despedirme de mis ojos se sentía como el fin del mundo.
Conocer a Claudia fue un punto de no retorno, no retorno a esos pensamientos negativos que oprimieron mi espíritu.
Me ayudó con empatía, amor y a través de unos oídos atentos escuchó mi historia y me ayudó a encontrar en mi propio interior la luz que mis ojos dejaban de ver. Me ayudó a reenfocar como los sueños no acabaron ahí y lo más importante, me guió a bajar de mis hombros pesos que no debía cargar.
Hoy puedo decir que un pozo de depresión no es el fin, siempre se puede tomar la escalera de esperanza y salir escalando por ella con una mirada clara en medio de los nublados del día. Hoy sin un empleo y con los ojos en un proceso degenerativo recuerdo los consejos donde Claudia me dió inspiración, fe y esperanza en que el mundo no acaba acá y soy más que solo aspectos grises en un mundo lleno de colores. No sé si con mi testimonio sea lo suficientemente claro pero si algo no quedó claro les resumo en breve, superé pensamientos negativos, obtuve paz y motivación para un día más y solté lo que no debía cargar en mi conciencia o corazón.
